Cerrar el buscador

El Desierto del Sáhara a pie: mi experiencia con los camellos

Actualizada el 18 May 2018

Resulta casi imposible imaginarse la estampa del desierto del Sáhara, con sus dunas infinitas y su color naranja impregnándolo todo, sin una fila de “elegantes” camellos recorriéndolo en una casi perfecta armonía. Se trata de un hecho que se da prácticamente por sentado, como si los camellos hubieran nacido por y para regalarnos esa experiencia a nosotros, los turistas. Como si por cuestiones de genética supiesen cual es su cometido, cómo comportarse cada día, cada hora… “agáchate, deja que suba un turista, deja que suba otro, ahora sus mochilas… ¡venga! arriba”. Y así una y otra vez.

¿Quieres dar un agradable paseo en camello? ¿Te apetece hacerte selfies para enseñarles a tus amigos lo bien que te lo estás pasando? Pues te has equivocado de sitio… porque hoy voy a mostrarte una realidad muy diferente. Después puedes mirar hacia otro lado o cerrar los ojos, pero ya no podrás disculparte alegando “falta de conocimiento o ignorancia” sobre el tema.

Son millones de animales los que viven situaciones de maltrato de las que, como explico aquí, nosotros somos cómplices.

Durante mi viaje recorriendo Marruecos, tenía claro que quería pasar unos días en el desierto pero también que no participaría en este tipo de turismo. En este blog formamos parte de FAADA, es decir, realizamos un turismo responsable con los animales. Eso implica, por supuesto, no montar en animales, y en este caso en camello.

Como explico en el apartado “Ruta de tres días al desierto de Merzouga“, coincidimos con un grupo de personas maravillosas procedentes de distintas partes del mundo con las que tuvimos una conexión muy buena e hicieron el viaje más especial si cabe. De manera que cuando después del duro trayecto llegamos por fin a Merzouga, todos se preparaban (cubrir el cuerpo, mochilas con lo mínimo) para comenzar el trayecto por el desierto y nosotros aprovechamos para comentar al guía que nuestros camellos podían quedarse descansando ya que nosotros no íbamos a subir. Éramos conscientes de que no íbamos a producir un gran impacto en esta industria pero solo con saber que esos dos camellos se quedarían descansando… nos dábamos por satisfechos.

¿Os podéis imaginar cómo es vivir así? ¿Con grupos de turistas cada día subiéndose sobre ellos con su equipaje y obligándolos a hacer kilómetros mientras se hacen la foto de “yo estuve aquí”? ¿Imagináis qué tipo de vida llevan estos animales día tras día?

 

En un primer lugar, los guías insistieron un par de veces para comprobar si estábamos seguros pero no se extrañaron en exceso, mientras que nuestros compañeros se asombraron así que nosotros decidimos quitarle importancia sin dar demasiadas explicaciones y uno a uno empezaron a subirse en ellos.

Creo que si os imagináis el tipo de vida que llevan esos camellos en el desierto no os costará haceros una idea de las condiciones en las que se encontraban. He de decir que pese a las magulladuras y heridas por su cuerpo y a sus movimientos quejándose, por lo demás el trayecto fue bastante tranquilo. Unos 8 kilómetros de arena y calor en los que tomamos distancia hasta llegar a nuestras jaimas, donde dejaron a los camellos en una pequeña explanada hasta el día siguiente.

El peor momento de esta experiencia fue, sin duda, de madrugada. Nos levantamos a las 4 de la mañana para ver el amanecer, pero fueron los ensordecedores gritos de los camellos los que llamaron la atención de las decenas de personas que comenzaron a aparecer de las jaimas de alrededor.

En otra ocasión os he hablado de cómo estos animales son maltratados para llegar a tal nivel de sumisión, y que aunque no veas el maltrato no significa que no lo haya o no lo haya habido antes. Las prácticas que utilizan para sus entrenamientos y adiestramientos obviamente no las realizan delante de los turistas, o al menos… eso pensábamos.

Los camellos comenzaron a quejarse y a gritar cuando les forzaban a levantarse, a lo que los bereberes respondían con patadas, tirones, latigazos y golpes. Todo servía para intentar levantar a los animales, ya que eran los encargados de recorrer los 8 kilómetros de vuelta con todos los grupos. Eran las 4 de la mañana, después de una noche mágica… y los gritos y quejas de los animales nos encogieron el corazón. No podía ni ver la escena… y comenzamos nuestro trayecto de vuelta dejando a todas aquellas personas esperando a que los camellos reaccionasen, ya que seguían sin querer moverse…

Sorprendentemente cinco personas más de nuestro grupo que el día anterior ni se lo habían planteado, decidieron no recorrer el camino de vuelta en camello. Y una vez estábamos de nuevo en Merzouga, unas horas después, me sorprendió y alegró ver cómo una pareja vino donde nosotros preguntándonos sobre nuestra decisión, realmente afectados tras lo que habían experimentado durante el amanecer con el maltrato al que fueron sometidos los camellos en nuestra presencia y convencidos de no volver a participar en una actividad similar.

Como he dicho en otra ocasión, lo más cómodo sería contaros simplemente lo maravilloso de las experiencias que vivo viajando, pero como comunicadora considero en parte una responsabilidad contar las dos caras. Y aquí tenéis una de ellas. Más clara imposible.

A veces hace falta vivir una experiencia desagradable, como les pasó a algunas de esas personas en Merzouga. Ojalá no sea necesario y leyendo esto abras los ojos… bajo ningún concepto es ético que se use a un animal para el disfrute de las personas.

No participes.

No seas cómplice.

Para los amantes de los animales y del medio ambiente, viajar aportando tu granito de arena y contribuir en la protección de la fauna y flora es posible. La ONG Blua realiza voluntariados internacionales para dar respuesta a las personas que quieran viajar y al mismo tiempo apoyar proyectos para la conservación del medio ambiente y el desarrollo sostenible a traves de su trabajo voluntario de corta o larga estancia, donde podrán conocer de cerca la realidad de los centros de rescate y la necesidad que existe hoy en día de cuidar y conservar las especies animales que corren un grave peligro debido a la actividad humana.

1 voto, promedio: 5,00 de 51 voto, promedio: 5,00 de 51 voto, promedio: 5,00 de 51 voto, promedio: 5,00 de 51 voto, promedio: 5,00 de 5 Valorado 1 veces con una media de 5,00 estrellas

Carmen Mantecón

¡Hola! Soy Carmen, la chica que está detrás de esta página. ¡Mil gracias por leerme! Si te ha gustado no dudes en dejarme un comentario por aquí abajo... ¡Estaré encantada de saber de ti! Este blog nace de mi pasión por los viajes, y es que hace ya tiempo que descubrí mi propia fórmula de la felicidad: ¡viajar! Desde entonces, lo hago siempre que puedo, y aquí encontraréis algunos consejos y experiencias sobre mis aventuras. ¡Bienvenidxs!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *