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El transiberiano

Actualizada el 21 May 2018

Para quien no esté familiarizado, el transiberiano es un ferrocarril que funciona como columna vertebral de transporte de un país inmenso, en el que conviven distintas nacionalidades que con el paso del tiempo, han resistido a una naturaleza dura y a líderes políticos aún más crueles.

Se construyó en 1904, y su propósito era unir por tren la Rusia europea con las lejanas e inaccesibles regiones orientales del país, y atraviesa Rusia de lado a lado, 9.288km de red ferroviaria.

Mapa del recorrido del Transiberiano

Los que estén un poco más familiarizados, quizá piensen que el atractivo principal del ferrocarril son sus vistas. Días de observación de la maravillosa estepa siberiana, valles de ensueño y espectaculares montañas. O, cómo no, el lujo y glamour de las novelas de misterio de Agatha Christie…

Observando el paisaje desde el Transiberiano

En realidad, el verdadero atractivo de este tren, es el hecho de atravesar de la forma que lo hace, el -por mucho- país más grande del mundo. No cuentes con increíbles paisajes, y mucho menos con lujos.

Recorrer el ferrocarril transiberiano es, ante todo, una experiencia social. Un viaje inolvidable y una de las rutas míticas que todo viajero vocacional sueña con poder hacer algún día. Algo así como la graduación de la vida mochilera.

En nuestro caso, salimos de Krasnoyarsk para recorrer 1.200km hasta Irkutsk, donde nos desplazaríamos hasta el Lago Baikal, con su correspondiente vuelta.

Y qué decir después de 2.400km de esto…

Habitaciones del Transiberiano

Podría decir que el olor en un principio parece insoportable, que dormir en esos nichos vuelve claustrofóbico a cualquiera, que el término suerte queda reducido a qué tipo de vecino de cama te ha tocado, que el olor a comida –y qué comida- a todas horas no ayuda… O que bajarse unos minutos en cada parada a respirar aire fresco es casi una necesidad.

Niño asomado en el Transiberiano

Pero también podría decir que con el tiempo el olor se convirtió en motivo de broma y ya mítico “olor a transi”, que después de las primeras 18 horas, al cambiar la posición del nicho sentimos gozar de la mayor de las comodidades, que pueden tocarte vecinos que hasta te ayuden a hacer la cama y que incluso nos planteamos comprar su comida en un supermercado. Diría que las últimas 18 horas pasaron volando, que sólo veíamos cosas positivas y que de nuevo, nos hicimos con el vagón.

Pero sobretodo he de decir que descubrimos Rusia en estado puro. El recelo y curiosidad que siempre provocamos en un principio. Lo poco acostumbrados que están a los turistas. Y los intentos que hacen por conseguir entenderse. Porque los rusos no hablarán inglés, pero muchas veces hacen esfuerzos sobrehumanos por comprenderte, con señas o con nuestras sílabas cortadas en un ruso mal pronunciado. Terminamos compartiendo la comida y la bebida, y a ratos hasta sus camas. Conociendo sus familias, enseñando español y aprendiendo ruso.

Niña sonriente dentro del Transiberiano

Familia en el Transiberiano

Después del intenso viaje,  llegamos a Irkutsk, desde donde nos desplazamos hasta el Lago Baikal.  El Lago de entre los lagos, el señor Baikal. Y creo que en este caso una imagen vale más que mil palabras…

Lago Baikal, parada del Transiberiano

Y sí, tanto Irkutsk como el Baikal nos conquistaron. Destinos con los que me explayaré mas adelante y que sin duda merecieron la pena. Donde encontramos toda esa paz que veníamos buscando y que tanto echábamos de menos.

Pero todo eso os lo contaré otro día…

El transiberiano nos ha mostrado la mejor cara de Rusia, y nos hacía falta. Y es que por mucho que planees y sueñes con un destino… Al final, te das cuenta de que lo que realmente importa es el camino recorrido para llegar hasta él. Un camino que en este caso ha sido absolutamente memorable.

Transiberiano

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Carmen Mantecón

¡Hola! Soy Carmen, la chica que está detrás de esta página. ¡Mil gracias por leerme! Si te ha gustado no dudes en dejarme un comentario por aquí abajo... ¡Estaré encantada de saber de ti! Este blog nace de mi pasión por los viajes, y es que hace ya tiempo que descubrí mi propia fórmula de la felicidad: ¡viajar! Desde entonces, lo hago siempre que puedo, y aquí encontraréis algunos consejos y experiencias sobre mis aventuras. ¡Bienvenidxs!

3 respuestas a “El transiberiano”

  1. Manuel Palacios dice:

    Tienes por ahi algunas fotazas eh… Ese transiberiano es una de mis cuentas pendientes, ahora tengo aún más ganas!

  2. Club de Turismo Digital dice:

    Todo muy bien redactado y también interesante saludos desde Chile

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